Hubo un tiempo en el que del autismo, se culpó a las madres.
Durante buena parte del siglo XX, se consideró que el autismo podía ser consecuencia de la forma en que sus madres se relacionaban con ellos. Así nació una de las ideas más conocidas de la historia del autismo: la llamada teoría de la “madre nevera”.

Leo Kanner interviniendo con peques con espectro autista
Por esas fechas, el psicoanálisis dio importancia de las primeras relaciones entre el peque y sus cuidadores, y comenzó a desarrollarse la idea de que algunos peques autistas podían haberse abstraído del mundo como consecuencia de un entorno familiar frío. Uno de los primeros psiquiatras en describir el autismo infantil, Leo Kanner, había realizado observaciones sobre las características de los padres de los peques que atendía y en algunos de sus primeros trabajos, hizo referencia a la falta de calidez de los padres con sus hijos. En las décadas siguientes, Bruno Bettelheim continuó popularizando esta idea y defendió que el autismo podía surgir como respuesta del peque ante una familia que le rechaza o tóxica. La metáfora terminó siendo poderosa:
«Una madre tan fría que era como una nevera»
Y aquella metáfora, se convirtió en una fuente de culpa.
La historia sobre Clara Park y su hija Jessy, reconstruye precisamente una de estas historias. A comienzos de los años sesenta, Clara Park acudió con su peque de tres años a un especialista después de observar dificultades en el desarrollo y en su relación con otras personas. Los medios se encontraban influenciados por las ideas de la época y situaba parte de la explicación en la propia madre. Pero Clara Park decidió hacer algo diferente.

Comenzó a observar y documentar cuidadosamente el desarrollo de su hija.
En 1967 publicó sus experiencias, cuestionando la idea de que la relación materna pudiera explicar el autismo de Jessy. Su historia se convirtió en parte de un movimiento más amplio de familias que comenzaron a reclamar un papel activo en la comprensión del autismo y a cuestionar las explicaciones que las responsabilizaban.
Comprender el autismo desde fuera no es lo mismo que convivir con él cada día. Las familias observan pequeñas diferencias, formas particulares de comunicarse e intereses, aportando una perspectiva imprescindible para comprender al niño en su contexto
La caida del mito comienza precisamente con Bernard Rimland, psicólogo y padre de un peque autista, quien publicó el libro Infantile Autism, donde defendió una explicación del espectro basandose en factores biológicos, cuestionando la idea de que la crianza pudiera ser la causa del autismo. Poco a poco, la investigación fue desplazándose hacia modelos que reconocían la importancia de otros factores dejando la teoría de la «madre nevera» como lo que es, un mito.
Las familias han pasado de ser consideradas, parte del problema, a ser reconocidas como una fuente de conocimiento sobre sus hijos y como participantes activos en la investigación y en la intervención.
Fuentes bibliográficas:
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